Cooperativa de Ahorro y Crédito de los Oficiales de las Fuerzas Armadas
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C.A.O.F.A

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Palabras del Comandante en Jefe del Ejército, General de Ejército don Guido Manini Ríos, el 18 de mayo de 2017, en el 206° aniversario del Ejército Nacional.


Inicio estas palabras destacando la presencia de las más altas jerarquías de los Ejércitos del Cono Sur, así como las Banderas de Argentina, Brasil y Chile, que realzan nuestra celebración y dan una muestra clara del espíritu de integración americana que nos anima, como no podía ser de otra manera, una vez conscientes de que enfrentamos las mismas amenazas y similares obstáculos en el camino hacia el verdadero desarrollo y felicidad de nuestros pueblos.

Y si de integración hablamos quiero comenzar por sumarme al merecido homenaje que en estos días se le rindió al más importante escritor que dio esta tierra, José Enrique Rodó, llamado “Maestro de Juventudes”, al cumplirse el pasado 1° de mayo cien años de su muerte. En nuestro país muy pocos entendieron su mensaje, pero su prédica trascendió fronteras, dando lugar al surgimiento en todo el continente de un movimiento llamado “arielismo” en alusión a su obra cumbre, un verdadero canto a la
potencialidad de la juventud latinoamericana.

Quiero adherir a esa conmemoración y en cierta forma unirla a la que hoy nos convoca citando lo que Rodó expresó en su obra “El Camino de Paros”, que creo tiene hoy la misma vigencia que cuando fue escrita hace más de un siglo:

“Entre el ciudadano y el soldado toda razón de desvío y desconfianza ha desaparecido. Años van ya que vemos en las Armas del Ejército, no la
amenaza, sino por el contrario la más firme custodia de la vida institucional. Propendiendo a aumentar su poder y realzar su prestigio, sabemos que  contribuimos a fortalecer la seguridad de nuestros intereses
más caros, la grandeza y el nombre de la patria….

El militar es ya, cívicamente, una fibra del corazón del pueblo, que participa en todas sus palpitaciones y vibra, sin disonancia, en sus congojas como en sus regocijos…

El país tiene derecho a ser fuerte. Los ciudadanos, ya militares, ya civiles, tienen el deber de cooperar a que halle satisfacción ese derecho del  país”.

Así hablaba Rodó…Y nosotros sentimos que así es, somos una fibra del corazón del pueblo, en una historia que comenzó el 18 de mayo de 1811, cuando se producía en los campos de Las Piedras la primera victoria de las armas orientales, y nacía, sellada con la sangre generosa de sus hombres, en torno a su inmortal caudillo, una Institución que habría de acompañar en las buenas y en las malas la historia de nuestra patria…

El pasado 4 de enero, en el campo de batalla de Catalán, en el  departamento de Artigas, así como el 19 de marzo en Paso de Cuello, en Canelones, decíamos que nuestro mayor homenaje a los miles de soldados artiguistas que hace dos siglos cayeron en esos lugares y en muchos más a lo largo y ancho de nuestro territorio, peleando contra el invasor extranjero, era retomar la bandera por la que ellos murieron y pelear por ella, ya que esa bandera hoy sigue vigente. Es la bandera de la defensa de los más frágiles, de los marginados, los excluidos, los condenados a la desesperanza, al vacío, a la nada, lo que inexorablemente conduce al abandono, la cultura del ocio y de la muerte, la droga y el delito… Tomar la bandera artiguista por la que murieron aquellos hombres, significa hoy sumar nuestros esfuerzos para dar oportunidades y condiciones de vida dignas a todos los orientales, sin excepciones. No alcanza con proclamar un día sí y otro también nuestra inquebrantable vocación artiguista. No alcanza con que siga flameando en la Fortaleza del Cerro la bandera federal que hace un año y medio inauguramos junto al gobierno nacional. Debemos encontrar la patria que Artigas soñó, esa patria que tanto molestó a las élites oligárquicas de su época. Y en esa búsqueda el Ejército Nacional siente que puede desempeñar un rol protagónico y ofrece su mano abierta y el esfuerzo de todos sus integrantes para contribuir a superar los problemas reales que hoy aquejan a nuestra gente.

Somos conscientes de que vivimos tiempos complejos: tiempos de odios que parecen inextinguibles, muchas veces alentados por intereses inconfesables, en un mundo en que campea la violencia irracional, donde no existe rincón alguno que esté libre de conflicto, o de ser escenario de algún acto de terrorismo. En la línea de pensamiento de Rodó decimos que solo aquellos que tienen vocación de esclavos pueden renunciar a  sudefensa. Es evidente que solo tenemos dos opciones: o nos defendemos, aún en clara inferioridad de condiciones, siguiendo el ejemplo de la resistencia nacional que hace dos siglos acaudillara el general Artigas, o nos resignamos a pedirle a la potencia de turno que nos defienda. Por mandato constitucional y legal, pero sobre todo por la firme convicción de todos sus integrantes, el Ejército solo considera la primera opción. Nuestro país debe estar en condiciones de disuadir a posibles agresores y enfrentarlos si algún día actuaran contra nuestro territorio. Nuestra Institución tiene unidades especialmente preparadas, equipadas y
entrenadas para enfrentar al flagelo del terrorismo. Y por sobre todas las cosas, tiene la disposición a enfrentarlo. Sabemos que para ello necesitamos un Ejército de pie, con la moral alta, preparado física, mental
y profesionalmente, que sienta, como decía Rodó, que está con su pueblo, como en la primera hora… Que se prepare para defender al territorio y a
sus habitantes de las múltiples amenazas que el mundo actual nos presenta, en una política de defensa nacional que necesariamente debe
incluir a todos los orientales.

Esta preparación para la defensa nos da la capacidad de asumir diariamente las múltiples misiones subsidiarias que el Estado nos asigna, y que el Ejército cumple empleando en forma eficaz y eficiente sus recursos. Entre ellas sin duda se destaca su participación como pilar básico del
Sistema Nacional de Emergencias.

Cuando hay una emergencia, en medio del extravío general, nuestros hombres y mujeres están en condiciones de actuar, porque están preparados, tienen disciplina, espíritu de cuerpo y la disposición necesaria para pasar inmediatamente de la concepción teórica a la acción, cualquier día, a cualquier hora…

Pero hoy queremos referirnos especialmente al apoyo que nuestra Institución brinda a la política exterior del Estado, con su destacada participación en diversas Misiones Operativas de Paz.

Mañana, 19 de mayo, se cumplen 25 años del inicio del despliegue de nuestro primer Batallón, que partiera hacia el Reino de Camboya en 1992, y por ello hoy forman junto a nosotros muchos de los veteranos de esa Misión, luciendo la gorra azul que en su momento usaron al servicio de las Naciones Unidas. Fue un gran desafío que nuestro país y nuestra
Institución afrontaron con valor, profesionalismo, entrega y espíritu
militar, y que recibiera el reconocimiento unánime de la comunidad
internacional. Pocos meses después de arribados nuestros soldados, el
japonés Yasushi Akashi, representante del Secretario general de la ONU,
expresaba, según lo consignaba la prensa camboyana en diciembre de
1992:

“Los elogios que acabo de escuchar sobre el Batallón Uruguay no me sorprenden. Estoy acostumbrado a escucharlos en todos los lugares de la misión que he visitado y están bajo su responsabilidad. Es que sus hombres tienen la virtud de ser excelentes soldados profesionales y a la vez actuar con diplomacia”

Queremos hacer público nuestro reconocimiento a quienes hicieron posible aquel gran paso en la vida de nuestra Institución: el Presidente de la República de la época, Dr. Luis Alberto Lacalle Herrera, los Ministros de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional, Dres. Héctor Gros Espiell y Mariano Brito respectivamente, el Comandante en Jefe del Ejército, Tte. Gral. Juan Rebollo y su Jefe de Estado Mayor, Gral. Yamandú Sequeira. Un cuarto de siglo ha pasado desde entonces, lugares tan disímiles como Camboya, Mozambique, Angola, Congo y Haití, vieron desplegarse nuestros Batallones. Los escenarios han cambiado, los que ha permanecido invariables son los elogiosos conceptos vertidos sobre nuestras Fuerzas por los representantes de la comunidad internacional, y por gobernantes y pueblos en los que el nombre de Uruguay se transformó en símbolo de solidaridad y esperanza. El propio Secretario General de la ONU Ban Ki-moon en setiembre de 2015 felicitó a nuestro gobierno por la capacidad y profesionalismo de nuestros contingentes en las distintas misiones de paz.

En estos días hemos replegado nuestros efectivos de la República de Haití, quienes participan de esta formación, y cuya Bandera acabamos de condecorar. Durante 13 años, más de 13 mil hombres y mujeres de las FFAA, han cumplido en ese castigado país caribeño una misión con ungran componente humanitario, que incluyó las tareas de socorro ante desastres naturales, como el terremoto de enero de 2010, o el reciente huracán Matthew…

Solo quienes conocen la realidad haitiana pueden valorar en su real dimensión la importancia que tuvo allí la presencia de nuestros militares en estos años, y lo que significaron para un pueblo que sufre, que los despidió con lágrimas en los ojos, y que siempre mantendrá en su memoria los colores de nuestra bandera y a aquellos soldados amigos que los portaban. Así también lo valoró en las últimas horas el Senado de la República, en donde todos los partidos políticos que lo integran homenajearon y reconocieron lo que nuestros efectivos hicieron en Haití. Hoy, seguimos presentes en el Congo, el país más extenso de África, continuamos nuestra misión iniciada hace 35 años en la península del Sinaí, y en Colombia estamos monitoreando el cumplimiento del histórico acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC.

Vaya en este día tan significativo nuestro emocionado saludo a todos y cada uno de esos sacrificados y muchas veces desconocidos embajadores que tiene nuestro país desplegados en tierras lejanas,  soldados que descubren sorprendidos que existen pueblos olvidados,  desesperados, con más privaciones y miserias que las que ellos mismos han vivido… soldados que llevan las armas más efectivas, y que más han  logrado al servicio de la paz: su humildad, su disposición a ayudar, y la bandera uruguaya en su brazo izquierdo, ante la cual se distienden las tensiones que otras banderas de países mucho más poderosos crearon en su momento…

Vaya también nuestro sentido homenaje a los 34 efectivos de las Fuerzas Armadas que con su vida pagaron ese sueño de un mundo más justo y sin guerras.

En lo institucional, estamos trabajando en la elaboración de una nueva ley orgánica que recoja los cambios producidos en las últimas décadas y proyecte a nuestra Fuerza hacia un futuro siempre desafiante, organizada y desplegada de forma tal que nos permita enfrentar cualquier amenaza en forma eficaz y eficiente.

En lo que respecta a nuestro Personal, estamos  dispuestos a recorrer todos los caminos para lograr las impostergables mejoras en las condiciones de vida de nuestros hombres y mujeres. Entre otras acciones, hemos comenzado los procedimientos para la construcción de 500 viviendas, como paso inicial de un ambicioso proyecto que busca realojar a integrantes de nuestra Fuerza que viven en condiciones precarias.

Construiremos en el presente año la sede donde en el próximo mes de febrero abrirá sus puertas el Liceo Militar en la ciudad de Tacuarembó, llevando la oferta educativa de nuestro Liceo Militar General Artigas al norte del país, que dará respuesta a un reclamo creciente de la sociedad, brindando nuevas oportunidades a decenas de jóvenes que año tras año ven frustrada su intención de entrar a nuestro Liceo por no obtener alguna de sus limitadas vacantes…

Asimismo, a partir de recursos obtenidos por la venta de activos
prescindibles, se adquirió el predio donde se construirá la nueva sede de
la Brigada de Infantería N°5 en Durazno…

Integrantes del Ejército Nacional: reciban en este acto, en presencia de las más altas autoridades nacionales, el reconocimiento por el espíritu de sacrificio y de cuerpo, la disciplina y el sentimiento profundo del deber que en todo momento demuestran. Sepan que vuestro Comandante tiene bien claro que la lealtad es un camino de doble mano, que nos obliga a buscar los medios necesarios para que los integrantes de la Fuerza puedan cumplir con su vocación de servicio, así como mejorar sus condiciones de vida, conscientes de que solo se trata de un acto de justicia para quienes, cuando se los ha necesitado, siempre han estado, están y estarán  presentes… Buscaremos hasta el límite de nuestras posibilidades que esa  justicia de que hablamos sea considerada en el tratamiento de normas que  marcarán el destino de la Institución por las próximas décadas.

En los últimos tiempos se han oído voces preocupadas por los privilegios  de los militares. Sí señores, los 15 mil hombres y mujeres que integran nuestro Ejército, son unos verdaderos privilegiados… Tienen el privilegio de estar a toda hora, los 365 días del año al servicio de la Sociedad de la que provienen, y no reclamar por ello ningún trato o compensaciónespecial… Tuvieron el privilegio, la madrugada de un 23 de diciembre, de evacuar a  miles de vecinos de Artigas sorprendidos por la más grande y rápida creciente de su historia, estando ellos mismos inundados… y después hacer lo mismo en Salto, en Durazno, y en casi todo el país. Tuvieron el privilegio de ser los primeros en llegar a la ciudad de Dolores el día más negro de su historia y cortar los saqueos que comenzaban a producirse. Tuvieron el privilegio de ser aplaudidos por los vecinos de Montevideo, cuando, mientras todos celebraban en Fin de Año y Año nuevo, ellos trabajaban para alejar un riesgo sanitario de la ciudad. Tuvieron y tienen el privilegio de llevar la bandera uruguaya en su brazo a los rincones más apartados y castigados del planeta. Tuvieron y tienen el privilegio de recibir  la emocionada sonrisa de un niño o un anciano africano, haitiano o camboyano, que en ellos encontraron, tal vez por primera vez, el cariño que la vida les negó. Tienen el privilegio de izar cada mañana el pabellón nacional en la Antártida todos los días del año, manteniendo vivo ese lejano rincón de nuestra Patria. Tienen el privilegio de sentirse no funcionarios sino servidores del Estado y de escuchar en silencio las discusiones sobre su futuro, a veces teñidas de falsedades y tergiversaciones malintencionadas… tienen, en fin, el privilegio de llevar su pobreza con dignidad y lucir orgullosos el uniforme que para ellos representa su vida… A estos privilegiados nuestro sentido homenaje y reconocimiento…

Señoras y señores: En instantes los efectivos formados a nuestro frente desfilarán entonando las estrofas de la nueva marcha del Ejército.

“Abran camino, suenen clarines, que el Ejército marchando va, junto a su  pueblo, a paso firme, no se detiene jamás, jamás” gritarán con fuerza,  rindiendo honores, mirando francamente a los ojos de las autoridades presentes… Esas palabras, en boca de nuestros soldados, definen claramente a una Fuerza en movimiento, dinámica, activa, que se resiste a encerrarse en sus cuarteles, aislada de la gente…una Institución que continuará actuando junto a su pueblo: donde haya miseria, marginación, emergencias de cualquier tipo, siempre, siempre habrá un soldado dispuesto a dar una mano, un cuartel que ponga sus medios al servicio de la comunidad, un Ejército que aporte la disciplina y el espíritu militar desus  hombres y mujeres, como lo indica nuestra historia desde la época del Gral. Artigas, y como lo mandan nuestros profundos sentimientos…

Ese es el espíritu que anima a cada uno de los integrantes del Ejército Nacional, ese es el camino trazado y por él transitaremos conscientes de que nuestro destino está indisolublemente atado al de nuestra Patria.

Muchas gracias

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